martes, 16 de agosto de 2016

Metáfora maravillosa del roble y la bellota
























Estos últimos tres años, de los trece que he sido parte del equipo de profesores de la Escuela Municipal de Música "Ángel Barja" de San Andrés del Rabanedo, me ha nacido, como un acto alegre y de corazón, hacer un sencillo regalo de fin de curso a mis alumn@s. 

Han sido cuentos o poemas plasmados en forma de pergamino realmente inspiradores para seguir expresándonos en libertad, sin miedo, con confianza, con espíritu juguetón... sea en la música cantando, tocando un instrumento o en cualquier otra situación de la vida cotidiana, en nuestras relaciones, en los grupos a los que pertenecemos, en nuestro trabajo...

Quiero compartir aquí uno que especialmente me inspira, ya que me siento muy conectada con nuestros hermanos los árboles. De hecho, una de las imágenes que recreamos en mis clases de voz y de canto moderno, es el árbol que "vive" dentro de nosotr@s. 




En el silencio de mi reflexión
percibo todo mi mundo interno
como si fuera una semilla, 
de alguna manera pequeña e insignificante.
pero también pletórica de posibilidades.

Y veo en sus entrañas
el germen de un árbol magnífico,
el árbol de mi propia vida
en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene
el espíritu del árbol que será después.

Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, 
cayendo en tierra fértil,
absorbiendo los jugos que la alimentan,
expandiendo las ramas y el follaje,
llenándose de flores y de frutos
para poder dar lo que tienen para dar.

Cada semilla sabe 
cómo llegar a ser árbol.
Y tantas son las semillas
como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños
esperan el momento de germinar, 
echar raíces y darse a la luz, morir como semillas...
para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos 
que a su vez nos digan, en su solidez, 
que oigamos nuestra voz interior; 
que escuchemos
la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino
con símbolos y señales de toda clase, 
en cada hecho, en cada momento, 
entre las cosas y entre las personas,
en los dolores y los placeres,
en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos,
a vernos,
a escucharnos,
a darnos cuenta.
Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos
o en relámpagos de lucidez cegadora.

Y así crecemos, 
nos desarrollamos,
evolucionamos...

Y, un día, mientras transitamos
este eterno presente que llamamos vida, 
las semillas de nuestros sueños, 
se transformarán en árboles,
y desplegarán sus ramas
que, como alas gigantescas, 
cruzarán el cielo, 
uniendo en un solo trazo
nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer...
Una sabiduría interior las acompaña...
Porque cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol.



Ira Progoff (2 agosto 1921 – 1 Enero 1998)